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domingo, 23 de julio de 2017

Gigante marino

En el mar no existe el tiempo. Puedes ver  al temido buque de Barbanegra en una regata con el USS Enterprise; o a una lancha de desembarco de la Segunda Guerra Mundial fondeada junto a una nave vikinga cerca del acantilado de acero vitrificado.  En la mayoría de las ocasiones, esos mismos barcos libran entre sí duras contiendas sin que, curiosamente, muera nadie. Si algún pirata, marinero o soldado cae herido y toca fondo, hay delfines, sirenas e incluso tiburones que lo salvan del ahogamiento…  A los navegantes anónimos, refugiados que, tal y como aparecen en las noticias, surcan las aguas hacia destinos quiméricos, los rescato yo personalmente.  Y no es que sea Poseidón, aunque también ejerza cierto mando…

El mar me hechiza. Me apasiona.  Me parece un lugar fastuoso, pero me confunde que aseguren que es azul: me dejo bañar por sus olas a diario y sé que es blanco, con la excepción de aquella tarde que me adentré en él vistiendo un pantalón añil que desteñía. En cuanto me vio mamá, me enganchó de las axilas y me sacó de la bañera.



Este relato (que a algunos os sonará porque publiqué, anteriormente, en "Esta Noche te Cuento") fue uno de los relatos seleccionados para el concurso #UnMarDeHistorias (de zendalibros.com). Resultó ganadora Fabiola Yáñez y finalista Ernesto Ortega. Muchas felicidades a ambos.

Dejo el enlace con todos los relatos: https://www.zendalibros.com/seleccion-de-relatos-del-concurso-unmardehistorias/

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