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domingo, 12 de marzo de 2017

Mensaje para una náufraga

A las siete, nada más despertarse, escribe una nota para su esposa, la introduce en una botella y la tira al agua -dice que la echa de menos y quiere probar si esta forma de comunicarse con ella le resulta eficaz-.
Mientras se toma un café, lee el periódico, con las tertulias políticas de la tele de fondo. En cuanto desayuna, se viste y se va a trabajar. A mediodía no vuelve a casa -le pilla cerca, pero prefiere comer en el restaurante frente a la oficina-. La jornada de tarde comienza a las cinco y termina a las siete, momento en el que aprovecha para ir a tomarse unas copas al bar de Luis. A las diez, cuando regresa al hogar, encuentra la cama hecha, sus camisas planchadas, la cena lista, la mesa puesta y la botella que por la mañana arrojó a la bañera, con un mensaje para él: “Nunca estuvimos en igualdad de condiciones. Cuando yo trabajaba y tú no, seguí encargándome de las tareas domésticas. Ahora quiero descansar. ¿Se te olvida que me mataste?”.




Relato presentado al concurso "Historias por la igualdad", de la Editorial Zenda e Iberdrola.

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