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domingo, 12 de febrero de 2017

Cuenta 140 - "La tibieza"


Despertó intranquilo. Miró hacia arriba, respiró profundo y, sin decir nada, volvió a cerrar los ojos, indiferente a la estrechez del ataúd.

Abandonaron la reunión sin alcanzar un pacto, aunque, en cada uno de los puntos tratados, se mostraron de acuerdo.


Los anteriores microrrelatos fueron finalistas del Cuenta 140 en la semana dedicada a la tibieza. Vaya mi agradecimiento para Juan Aparicio Belmonte y El Cultural.
Los demás que presenté fueron:
  • Me llamó para asegurarme que el puesto sería mío. Tras agradecérselo, abandoné su despacho con la misma sonrisa que mis compañeros.
  • Primero escuchó golpes e insultos. Luego, un portazo, lloros y gritos de la vecina pidiendo socorro.  Entonces, subió el volumen de la tele.
  • Cuando escuchó la noticia del suicidio del fofo gafotas, pensó que su mejor amigo dejaría de ser el líder de la clase.
  • Cada mañana, pasaba por delante del mismo indigente, le echaba unas monedas y recordaba cuando lo llamaba papá.
  • Con ayuda de las cámaras, encontraron un testigo. En el interrogatorio, apareció con unas gafas en lugar de las lentillas que negaba usar.
  • Tras pasar una semana sin recibir ningún parte de disciplina, sus padres le compraron otro móvil.
  • En los momentos posteriores a su extremaunción, el rockero, todavía consciente, dudó si prefería ir al cielo o al infierno.
  • El jefe le aseguró que el puesto era suyo. Tras expresarle su gratitud, abandonó el despacho con la misma sonrisa que los otros empleados.
  • Como no le salía trabajo, quiso continuar con su formación y hacer otra carrera: la misma que acababa de terminar.
  • Llevaba horas debatiéndose entre la vida y la muerte de su víctima.
  • De nuevo, cuando tuvo clara la decisión a tomar, llegó su amigo imaginario para incordiarlo.
  • Aunque pudo haber denunciado lo que le hizo a dos excompañeras, prefirió no inmiscuirse. Tampoco ahora, que le ha dado por ella.
  • Era una mujer maravillosa. La amaba, no hizo nada para recuperarla y, aun así, era feliz. Aunque su anterior mejor amigo, más.
  • En el banco, coincidieron con otros atracadores. Tras cederles el dinero, les pidieron sus pasamontañas en señal de recuerdo.
  • Cuando su pareja, por la que sentía un profundo deseo, le pedía que hicieran el amor, respondía que no le importaba dejarlo si le dolía la cabeza.
  • Otro curso más, salía como delegado el alumno que caía mal a todos. El resultado de las elecciones: un voto a favor y el resto en blanco.
  • Odiaba estar solo. Cada sábado, después de cenar, se sentaba en su sillón y soñaba que alguna desconocida llamaba a su puerta.
  • Estuvo dando vueltas alrededor de la rotonda, abrumado por la indecisión para tomar una salida, hasta que se quedó sin combustible.
  • Cuando le hacían alguna pregunta comprometida, cerraba los ojos e imaginaba que subía con alguien en un ascensor. Luego, hablaba del tiempo.
  • Cada noche, antes de dormir, se alegraba de no haber hecho llorar a nadie. Seguidamente, se entristecía al no encontrar a alguien que se hubiera reído.
  • Sospecharon que planeaba suicidarse cuando vieron, a los pies del puente, unas colchonetas.
  • Como conocía bien a su novio, le dejó una nota escrita con lo que debía decirle cuando se le declarase.

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