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viernes, 12 de febrero de 2016

Cuenta 140 ("mansedumbre")


Todos los vecinos, excepto él, carecían de bondad. Pronto comenzaron a llamarlo el tonto del pueblo.

Juan Aparicio Belmonte, escritor que hace de juez del Cuenta 140, selecciona  veinte relatos finalistas entre los que sale el ganador y, casi siempre, añade a la lista un micro "de regalo". Pues bien, el que habéis podido leer con anterioridad es el que recibe ese calificativo esta semana.
Desconozco si me equivoco pero creo que en estas circunstancias no es finalista.
En cualquier caso, vaya mi agradecimiento para Juan Aparicio y El Cultural.

A continuación, os dejo otros micros con los que participé en una semana muy prolífica a la par que poco inspiradora para mí. Vamos, que mis microrrelatos no destacaron especialmente por su calidad...
  1. Acabó devorado por las ratas cuando perdió su flauta.
  2. No quería derramar más sangre. Se presentó en el fuerte con la pipa de la paz en su mano. El general yankee la confundió con una cerbatana.
  3. “Este niño era demasiado bueno”, dijeron en voz baja al verlo tendido en el suelo sus acosadores.
  4. El líder de la banda rival le lanzó una silla a la cabeza. Antes de perder el sentido la puso en pie y dijo: “Ven, siéntate. Hablemos”.
  5. Para no pisar a nadie, intentó levitar entre la gente. Ante la imposibilidad de lograrlo, comenzó a andar de puntillas. Otros lo imitaron.
  6. Mientras cenaba, tres hombres encapuchados y armados con rifles irrumpieron en su casa. Con calma, les pidió que se sentaran a la mesa.
  7. Tardó una guerra mundial y tres con países limítrofes en percatarse de que sólo era feliz cuando no invadía naciones.
  8. En cuanto empezaron las trifulcas, su forma de resistir, respondiendo con silencio a  insultos y agresiones, dejó sordos a los violentos.
  9. Su mansedumbre le permitió salir vivo de la plaza. Y no volver a torear.
  10. Cuando sus compañeros de celda comenzaron a pegarse por el último pitillo, encendió la cachimba que guardaba bajo el colchón.
  11. El cuento sufrió un cambio inesperado: El lobo se volvió manso. Acabaron titulándolo “Caperucita y el leñador”.
  12. Con su empatía y benignidad alcanzó el respeto de sus enemigos. Cuando iban a firmar la paz, lo asesinó su mejor amigo.
  13. Le ordenaron que organizase el fusilamiento de los desertores. Condenados y verdugos se fugaron con él.
  14. En su lecho de muerte se dio cuenta de que el cobarde fue él y no los mansos que, estoicamente, aguantaron sus torturas.
  15. Cuando “el Torete” pasaba una semana sin recibir denuncia alguna, se llevaba la felicitación del juez de paz.
  16. Estudiaba, concienzudamente, la fotografía que le entregaban de su próxima víctima. Dejó de matar el día que se hizo un selfie.
  17. Ganó una legión de adeptos promulgando la lucha pacífica. Se convirtió en un nuevo líder al que asesinaron.
  18. Parecía un sparring: Se dejaba perder en todos los combates. No pudo evitar ganar una pelea por retirada de su contrincante.
  19. “A ver, que una cosa no quita a la otra, pero a mí nadie me llama manso”, apuntilló el Maestro de la Logia al periodista disléxico.
  20. De todos los que presenciaron la ejecución del reo en la plaza, no fue el único que se tapó los ojos. También lo hizo el verdugo.
  21. Los soldados de ambos bandos dejaron de disparar. Observaban al espantapájaros que, con los brazos abiertos, apareció entre sus posiciones.
  22. En la sala de espera, aquel tipo no paraba de quejarse. Ella, mientras tanto, pensaba: “Si usted supiera lo que yo he aguantado y callo…”.
  23. El jefe lo citó a su despacho para comunicarle su despido. Le dijo que no se preocupara, que él habría hecho lo mismo.
  24. Los alumnos estaban histéricos por el examen, pero pronto se tranquilizaron. A conciencia, les entregó un enunciado en blanco.
  25. Sabía que era él quien le robaba. En lugar de denunciarlo, todas las noches, al cerrar el restaurante, le metía 50€ más en su cartera.
  26. Segundos antes de ser fusilado, pidió que no le vendaran los ojos. Cuando ordenaron “¡fuego!” todos los soldados dispararon al aire.
  27. Era la quinta vez que intentaban envenenarlo pero él decía que le sentaba mal la comida.
  28. Logró convencerlo de que debía irse, que era lo mejor para ambos. Con aquella conversación disociativa, finiquitó su doble personalidad.
  29. Al fin tenía una audiencia con el Papa. Cuando se entrevistó con él, éste, rompiendo el protocolo, lo nombró su sucesor.

     

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