Etiquetas...

domingo, 13 de diciembre de 2015

Wonderland de Ràdio 4 de RNE


Los siguientes microrrelatos resultaron finalistas del Wonderland de RNE, programa de radio presentado y dirigido por  Rosa Gil:


(24-02-2015)
Divergentes
Todo comenzó a los diez minutos de que el secretario general comenzase a hilar su discurso. Primero se puso en pie el señor con perilla de la tercera fila. Le siguieron la chica pelirroja de la quinta y el joven con traje de la sexta. Todos, con una firmeza inconmovible, sin hacer el más mínimo ademán que perturbase su gesto desafiante. Mientras, el resto de los asistentes, imbuidos en una macro partida del “Quién es Quién”, observaban atónitos la sorprendente situación. En una reunión de simpatizantes del partido TNTL (Traga: No Te Levantes) resultaba inconcebible que surgieran esas voces discordantes.

(28-03-2015)
La última partida
A veces, tenía la sensación de que había pasado mucho tiempo; quién sabe si demasiado. Entonces, miraba el reloj y comprendía que no llevaba nada aquí…  Por eso, me negaba a hacerte caso, a pesar de que te avalasen los médicos. —No insistas —te decía,  a la par que bajaba los brazos. Ya no me quedaban picas, tréboles ni diamantes; sólo corazones de una baraja rota por taquicardias y arritmias.  Y aunque intenté quedarme tendido sobre el tapete, no pude evitar que otros jugadores cayeran conmigo.  Ganabas tú la última mano, la más feroz, huraña y adusta; no tuve remedio.

(30-04-2015)
Cosmo-similitudes
Electrones, protones y neutrones formaron parte de su niñez cuántica. Conforme fue creciendo, aumentaron, exponencialmente, los tamaños de sus objetos de estudio, dedicando cada vez más tiempo a astros y galaxias divisadas desde su telescopio. De igual forma, tan curiosa como chocante, sentía pasión por los programas del corazón, pero sólo por aquellos  que despotricaban a mansalva. Con la boca abierta, observaba cómo colaboradores satélites del presentador estrella, lanzaban meteoros  a sus invitados cometas: personajes convencidos de que la Vía Láctea era un raíl lleno de leche. Viéndolos, recorría el  Universo abocado a un agujero negro.  Su último grito: “¡Sálvame!”.

(17-05-2015)
Rayado
Padecía un extraño síndrome que le impedía leer renglones. Para comprender un texto, las palabras debían aparecer desperdigadas por las hojas, desordenadas aleatoriamente, nunca distribuidas en filas ni en columnas.  Para construir los enunciados correctos, su cerebro hacía el resto,  recomponiendo aquel caos sintáctico mediante frases perfectamente estructuradas. Sin embargo, su velocidad de lectura no se resentía, resultando ágil y expeditiva. Pero sus familiares y amigos achacaban a ese síndrome la culpabilidad de no haber sido capaz de interpretar ninguno de los mensajes subliminales que su esposa le lanzó antes de abandonarlo. Si no sabía leer líneas, tampoco entre ellas

(22-05-2015)
Mejor con filosofía
Ya no podíamos contar con él para nada. De la noche a la mañana se convirtió en una persona esquiva, solitaria y arisca. Todo el día encerrado en su cuarto, sin salir únicamente para comer e ir al baño.  “Sospechamos que pasas por un mal momento. Debes tener claro que nosotros estamos para apoyarte”, le decíamos. “¡Estoy bien, dejadme en paz! ¡Sois unos pesados!”, nos gritaba. Pensábamos que sufría acoso en el Instituto. Muy preocupados, solicitamos una entrevista con el director. Sabíamos que papá, antes de la nueva ley de educación, cuando enseñaba Platón, Hobbes y Kant,  no era así.

(12-09-2015)
Pulsaciones vacías
Mamá tiene un enorme agujero en la aurícula derecha que roza el ventrículo —impresiona verlo en una ecocardiografía—.  Los médicos lo califican como “Síndrome de los latidos huecos”. Lo consideran una extraña anomalía pero, increíblemente, no supone un deterioro en su salud. La abuela dice que todo es culpa de papá, con sus repetidas escapadas sin dar señas de vida. Quizás lleve razón, pero lo que me quita el sueño (hasta desvelarme) es que por ese orificio se esfuma el amor que su corazón genera. No puede retenerlo y a mi hermana y a mí nos hace tanta falta...

(21-11-2015)
Lo importante de una historia
Sus héroes no eran valerosos (les sobraba denuedo). Sus villanos no eran malvados, sino inicuos. Siempre empleaba términos considerados cultos para narrar sus ficciones. Lectores asombrados por su ubérrima riqueza lingüística lo consideraban un ídolo -yo era uno de esos fervientes adeptos-.  Debo reconocer que me embelesaba su capacidad para resucitar palabras poco utilizadas en un ambiente distendido. Aunque mi dependencia del diccionario de la RAE me tenía extenuado. Ahora, relajado, cuando leo una historia la valoro en función de lo que me farfulle y, sobre todo, en función de lo que me enardezca. O mejor: me diga y emocione.

No hay comentarios:

Publicar un comentario